jueves, 24 de diciembre de 2015

Piedad animal

Maridaje musical: Tardes de Bolonha (Madredeus) enlace youtube




Hoy era el día. No podía demorarlo más, pues el tiempo se acababa. Unos meses antes se hubiese detestado con sólo imaginar lo que estaba dispuesto a realizar en tan sólo unos minutos. Era su más fiel amigo y sin embargo iba a abandonarlo.

            Se conocían desde siempre. De hecho lo había visto llegar a casa a los pocos días de nacer y recordaba perfectamente ese instante, aunque él sólo contaba con un año de edad. Desde entonces se hicieron inseparables. Lo que más le gustaba era salir juntos de paseo. Nunca se olvidaba de su pelota y podían pasarse más de una hora, uno lanzándola y el otro corriendo por el parque en pos de ella para recogerla y depositarla de nuevo cariñosamente en las manos del primero. Todo era felicidad entre ambos hasta que comenzó a sentir esos dolores. No era capaz de comprender por qué todo lo que engullía con hambre feroz, apenas descansaba en su interior unos minutos, para ser devuelto al suelo de la cocina hecho una papilla. A pesar de que en su presencia, los adultos se abstenían de hacer comentarios, su instinto le decía que aquello no iba a terminar bien y acabaría por poner punto final a su relación de una forma trágica. No quería pasar por el trago del abrazo de la agonía tras la inyección letal. Era mejor una despedida ahora, que aún conservaba fuerzas. Es posible que él, ignorante de la situación, no entendiese en un principio la razón de sus actos y se sintiese traicionado, pero sin duda eso, con todas sus consecuencias, era mejor que la otra alternativa. Al menos, eso era lo que había decidido su limitado cerebro.

            Así fue como durante el tercer lanzamiento de pelota y mientras la bola aún surcaba el aire, comenzó a correr, alejándose de su mejor amigo, sin mirar atrás e incrementando la velocidad, hasta dejar de oír a sus espaldas los gritos de un niño de apenas nueve años, que con lágrimas en los ojos, como si hubiese comprendido, le gritaba:

-¡Toby!, ¡Toby!,  ¡Vuelve aquí! ¡TOBY!...

sábado, 14 de noviembre de 2015

Geriátrico


Maridaje musical: "Una Mattina" (Ludovico Einaudi) Enlace youtube




Se sienten igual que un coche viejo de camino hacia el desguace. Vislumbran su desconexión del mundo; como si fueran a darlos de baja de la vida. Normalmente ingresan de la mano de algún familiar cercano, que los va empujando con mentiras. Yo soy, por así decirlo, el conductor de alquiler de todos ellos. Un psicólogo encargado de ponerlos en marcha cada día para que sus motores no se deterioren antes de tiempo y sus baterías permanezcan con la carga necesaria para otra jornada. Trato de mantenerlos activos para deleite de sus familiares cuando vienen a visitarlos. Lo hacen con diferente periodicidad e intención. Algunos les muestran verdadero cariño. Otros, por el contrario, acuden igual que si vinieran a una reserva de animales protegidos. Quizá estos últimos estén en lo cierto, pues es indudable que sus vidas se encuentran próximas a la extinción.

Los observo con el mayor detenimiento del que soy capaz. Comencé a hacerlo hace unos meses, cuando uno de ellos me abordó a la entrada del comedor y me dijo:

            - Aquí el tiempo no pasa.

Aquel día me senté sólo en una mesa y no perdí detalle de todo lo que ocurría ante mis ojos. Contemplé una colección de cuadros vivientes desarrollados a cámara súper lenta y asistí a una sinfonía sonora interpretada por cubiertos impactando con la cerámica de un plato de vajilla de saldo; roces de cucharillas girando cansinamente, sumergidas en una taza de café; caricias de servilletas cuyos hilos quedaban enganchados en el cauce de alguna arruga… Lo más extraordinario era esa lentitud que lo impregnaba todo. Separar la silla de la mesa, ganar la verticalidad o dar un paso, parecían acciones que no llegarían nunca a completarse. Era como si estuviese experimentando la célebre paradoja de Aquiles y la tortuga. Ésa en la cual el guerrero aqueo nunca llega a alcanzar a una tortuga a la que le ha dado ventaja, pues sistemáticamente, en el tiempo que invierte en llegar hasta donde ella se encontraba, ésta ha avanzado un pequeño trecho, lo que la mantiene delante. Esa ralentización colectiva me produjo una especie de trance. Me sentí absolutamente sincronizado con ese centenar de ancianos y diría que casi fui capaz de detener la sangre en su trayecto por mis venas. Cuando salí de la residencia descubrí que mi reloj tenía un retraso de quince minutos.

            Desde entonces no pierdo la oportunidad de analizarlos cuando se juntan en una sala y comparten una actividad cotidiana. Me sintonizo con ellos y le voy ganando, segundo a segundo, horas a la vida. Ayer un amigo me dijo que por mí no pasaba el tiempo. Yo sonreí mientras un pensamiento irónico aterrizaba en mi mente: 

“Fíjate tú, si ahora resulta que la eterna juventud, mana de un grupo de octogenarios próximos a la muerte”

domingo, 6 de septiembre de 2015

Amor crónico (100 palabras)


Maridaje musical: "Autumn leaves" (Eric Clapton) enlace youtube




Percibía su olor por todas partes, en una alucinación olfativa permanente. Lo suyo era un amor crónico, según rezaba el papel que bailaba entre sus dedos. Una rara enfermedad considerada extinguida. Sin embargo le había atacado con fuerza. Un simple análisis de una de las lágrimas derramadas a diario, condujo al diagnóstico.

La línea inferior describía el tratamiento a seguir de por vida:

píldoras abrazo y comprimidos de cariño suministrados por la persona amada”

Si eso no funcionase, la única opción restante sería la extirpación mediante alejamiento, hasta que el corazón se regenerase.  En ese momento se lograría la inmunidad”

martes, 1 de septiembre de 2015

En capilla

Maridaje musical: "Yumeji's theme" (Shigeru Umebayashi) enlace youtube




Era primeriza y aunque todos trataban de tranquilizarla, percibía claramente la sensación de que el corazón se le saldría por la boca de un momento a otro. Los nervios la atenazaban de tal forma que temía no ser capaz de cumplir con su cometido. Todos sus familiares y amigos esperaban impacientes, deseando ver el minúsculo personaje gestado en su interior durante los últimos meses. Eso aún la ponía más nerviosa. ¿Qué pasaría si algo no salía bien? ¿Qué les diría si no era capaz de darle vida? Buscaba acumular toda la energía posible en su vientre; en su centro, para poder empujar con fuerza llegado el instante decisivo. Debía relajarse, pero sin perder la tensión que le proporcionase el impulso necesario para afrontar la situación. Sabía muy bien lo que tenía que hacer, pero eso no conseguía calmarla. Respiró profundamente varias veces, inspirando y espirando a diferentes ritmos, tal como había aprendido a hacer en el curso de preparación. Ansiaba la llegada del momento en el que sus estridentes gritos rasgasen el aire, seguidos de un tenso silencio que debía ser quebrado por un aparatoso llanto. Esta sería la primera escena; la que certificaría el alumbramiento que todos esperaban.
           
            El momento se acercaba. Según lo previsto, un hombre entró por el otro extremo con aire preocupado. Ella contó hasta tres pausadamente y acto seguido irrumpió en el escenario proyectando con fuerza su frase. El hombre, titubeó unos segundos y finalmente se dejó caer en un sillón, llorando.

viernes, 14 de agosto de 2015

Celo

Maridaje musical: Thanksgiving (George Winston) Enlace youtube



Cuando le preguntan de qué trabaja, siempre contesta con una sonrisa en la boca:

            - Soy catavidas

            Para añadir a continuación, a modo de especificación ante la extrañeza del interlocutor de turno:

            - Sí, soy capaz de catar una vida conociendo tan sólo cien metros de ella.

Esto ya deja totalmente atrapado al que lo escucha, que normalmente no sabe a qué atenerse.

En efecto, yo le veo en acción jornada tras jornada y puedo asegurar que es todo un  “sumiller” de existencias ajenas. Conoce cada día a decenas de personas, pero sólo durante unos minutos. En ese breve espacio de tiempo puede llegar a tener una complicidad equiparable a la de una amistad de años. Sin embargo se trata de una amistad efímera; concentrada hasta la mismísima esencia, que nace, se instaura y muere en escasos metros de pasillos, intercalados con subidas y bajadas en ascensores, como agujas que dan puntadas en una trama de galerías, corredores y pasadizos.

La cata comienza generalmente en una habitación. La fase visual es muy importante: el color, semblante y gestos le proporcionan mucha información sobre la situación. Después viene la fase “olfativa”. Ésta ha de ser muy sutil, nada invasiva, dejando que la vida que tiene delante se vaya abriendo por sí misma. Invitándola a que vaya descargando su tensión, procurando volatilizar sus aromas de nerviosismo, desesperación y miedo. No conviene agitarla. Simplemente con un leve empujoncito suele ser más que suficiente. Entonces comienza la fase de análisis. Aquí lo primordial es acompañar, comprender, empatizar... Ser soporte e ir apreciando las sensaciones que le comunica esa existencia. Generalmente basta con una atenta escucha, salpicada de palabras tranquilizadoras. Otras veces un fugaz chiste, una anécdota pertinente, o una conversación aparentemente banal surten un enorme efecto positivo. Así transcurre ese pequeño viaje hacia la esperanza en el cual él produce la energía precisa y el empuje necesario para que esa vida llegue a su destino en una situación anímica óptima.

No ha estudiado psicología, no pretende generar expectativas, se siente feliz con lo que hace y eso es precisamente la clave de su éxito. Con total naturalidad se erige en una férrea rama a la que muchas de esas vidas se agarran cuando creen estar precipitándose por un abismo. Una rama que les detiene en su caída y les infunde valor y confianza. A cambio obtiene un maravilloso “bouquet” de amistad, que va disipándose lentamente.

Y así, entre catas de otras vidas, va saboreando la suya, empujando camillas de un lado a otro, como tantos y tantos celadores de hospital que no recordamos, pero a los que posiblemente en alguna ocasión les hayamos mostrado nuestra esencia más interna en tan solo un centenar de metros.