sábado, 13 de junio de 2015

Alegristeza (En memoria de Lucas Trapaza)

Maridaje musical: "A primeira vista" (Chicco César) enlace youtube




La primera vez que experimenté la sensación, fue al contemplar su espalda mientras se dirigía hacia el límite que daba acceso a la zona restringida. Era un sentimiento de contrastes: por un lado estaba la enorme alegría de verle por fin cumplir el sueño que con tanto ahínco había perseguido durante los últimos dos años; por otro me embargaba una profunda tristeza al tomar conciencia de que nunca más le abrazaría; de que en los próximos años sólo podría verlo gracias a los esporádicos videos que me llegasen. Después debería de conformarme con el sonido de su voz y finalmente el silencio habría de contrastar con el bullicio interior que sin duda me proporcionaría su recuerdo.

            Veinticuatro meses antes se inició la chispa. En poco más de dos horas se desencadenaría el fogonazo que le alejaría de nosotros a una velocidad supersónica. Quién le iba a decir a Lucas que se convertiría en el primer tripulante de un viaje espacial sin retorno.

Cuando nos lo comunicó aquel 31 de Diciembre pensamos que se trataba de una de sus bromas, pero pronto nos dimos cuenta de que hablaba muy en serio. Ese día supe que lo conseguiría a pesar de la dureza de las pruebas a superar y comencé a hacerme a la idea. Dos años pasan pronto; más pronto de lo que uno cree. Casi sin tiempo para abrazarle llegó el día de la partida. Al apretar nuestros pechos por última vez, depositó un beso en mi mejilla con el siguiente mensaje:

-  Ya sabes que siempre he querido ser un “bufón”. Ahora por fin lo conseguiré y saldré despedido hacia la estratosfera como los “bufones de Pría”.

            Yo conocía su amor por ese lugar de Asturias donde el mar, al impactar con el acantilado, inyecta su néctar a gran presión entre los huecos de la piedra para trazar salados y fríos géiseres que surgen con enorme fuerza, produciendo un bufido característico que da nombre al lugar.

El nudo en mi garganta me impidió emitir sonido alguno en ese momento, pero apenas se separó de mí acerté a decirle:

            - ¡No hay mejor bufón que tú! Si existe alguien más en el Universo, le arrancarás su primera carcajada.

Lucas dejó un trabajo estable para dedicarse a su pasión: el Teatro. La comedia fue su patria y durante años abrió sus fronteras a cualquiera que pidiese asilo en ese país de continuo buen humor. Fue el embajador perfecto y concedió la nacionalidad de la alegría a todos los que le conocimos. Ahora deseaba expandirse fuera de cualquier frontera terrestre y como todo lo hacía a lo grande, sin limitaciones; no se le ocurrió mejor forma que la de embarcarse en un paseo sin fin por el espacio infinito. Así es Lucas, un auténtico “profesional”, tal como le gustaba decir mientras formaba una circunferencia horizontal con su mano derecha, juntando el pulgar y el índice por las yemas, manteniendo los otros tres dedos pegados, estirados y paralelos a su pecho. De esta guisa, hacía un movimiento hacia arriba y hacia abajo con su mano y antebrazo, junto con un ascenso y descenso de sus talones. Un ligerísimo desfase entre ambos movimientos, daba una sensación de pequeña ondulación, como una suave ola.

Viéndole alejarse, repetí tres veces consecutivas esa combinación de gestos que tanto conocía. No volvió la cabeza, pero estoy convencido de que lo notó, pues yo también percibí su sonrisa de satisfacción. Sin duda, los extraterrestres que se crucen con Lucas, considerarán la Tierra como el planeta más amigable, divertido y maravilloso del Cosmos, pues no hemos podido enviar mejor exponente representativo.

La cuenta atrás afianzó mi alegristeza. Una amplia sonrisa recogiendo en su regazo labial las lágrimas que dejaban en mi rostro una estela húmeda, como la cola de un minúsculo cometa estelar surcando la galaxia facial, puso imagen a ese nuevo sentimiento.