domingo, 25 de septiembre de 2016

Silencio sepulcral

Maridaje musical: "I'm alive (ELO) enlace youtube





Volvíamos a casa después de toda la noche de fiesta. Aunque ya eran más de las seis, el manto nocturno de Enero aún no había dejado paso a los primeros rayos del día. Yo conducía, pues no había bebido nada. Siempre nos jugábamos a suertes quién debía mantenerse sereno para que el resto diese rienda suelta al consumo de alcohol. En aquella ocasión yo había sido el agraciado.
           
            La lluvia sobre el cristal resultaba ser un desacompasado acompañamiento de percusión para nuestras canciones a capela. Desconozco quién fue el primero, pero lo cierto es que sin previo aviso, nos encontramos jugando a las apuestas. Todavía teníamos una botella de vodka casi llena, así que si no se conseguía el reto propuesto, en un tiempo razonable, era preceptivo ingerir un buen trago. Cuando llegó mi turno alguien del asiento de atrás enunció el desafío: “Tienes que hacer que gritemos todos al unísono”. Se hizo un silencio provocativo en el coche. Mi responsabilidad y mi competitividad se aliaron para buscar la fórmula triunfal. La primera me impedía beber y la segunda me obligaba a vencer.
           
            Al final de la recta  aparecieron un par de destellos provenientes de los faros de otro vehículo. Esa fue la luz que iluminó mi mente, así que comencé a presionar paulatinamente el acelerador y busqué el centro de la carretera. Mis amigos tardaron un poco en comprender mis intenciones. Cuando lo hicieron se mostraron duros y apenas despegaron la boca. Podía percibir sus sonrisas y su monólogo interior, convencidos de que sería yo el que al final diese, literalmente, mi brazo a torcer.

La luz de los halógenos se acercaba, mostrándose difuminada por las gotas de lluvia, como un fantasma. Yo continuaba impasible, circulando por el centro de la calzada cada vez a mayor velocidad. El silencio era total y llegué a pensar que perdería la apuesta, pero finalmente el anhelado grito coral se produjo justo en el instante en el que daba el volantazo. Fue demasiado tarde y no pude corregir la maniobra para evitar el impacto.

Hoy, desde mi inmovilidad absoluta, condenado a cadena perpetua en una cama, sigo sin perdonarles. Yo cumplí con mi cometido, manteniéndome firme hasta el último instante. Fue su irresponsabilidad, dilatando el silencio, lo que les mató.

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